Medio ambiente

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La Biodiversidad comprende todo el conjunto de especies que existen en el planeta y las relaciones que se establecen entre ellas. La sociedad humana la concibe como un recurso que puede tener uso actual o potencial: Los recursos de uso actual son las especies que en el presente son útiles para la especie humana, mientras que los recursos de uso potencial son el resto de especies que pudiesen ser beneficiosas para el ser humano en el futuro, o aquellas que, hasta el momento, no se ha sabido apreciar o que se desconoce su valor, aunque lo tenga. Valorar la diversidad implica tener la pretensión de conservar una especie por su posible utilidad en el futuro. Una consecuencia importante de la eliminación de diversidad es la reducción de las posibilidades de lograr importantes descubrimientos en el campo de la biología, la microbiología o la biotecnología, donde se están explorando nuevos caminos para reducir la contaminación y poder desarrollar procesos industriales alternativos. Ahora bien, la valoración y conservación de la biodiversidad no es o no debería ser solo necesaria por su consideración de recurso útil, actual o potencial, para la humanidad, sino también por el valor intrínseco que tiene cada especie, y por las funciones ecológicas que desempeñan para el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas y de sus servicios, y por lo tanto para la continuidad de los ciclos naturales de la Biosfera. Sin embargo, en una sociedad regida por los mercados, asegurar la protección de la biodiversidad obliga a dar valor económico a los servicios ecosistémicos como capital ecológico necesario para el bienestar social y medioambiental, debido a que la carencia de valoración económica ocasiona que no se tengan en cuenta en la toma de decisiones políticas.

La economía de mercado actúa ajena al mundo natural al que considera como un simple objeto de uso y consumo, y se asienta en un crecimiento exponencial e ilimitado donde el funcionamiento de los ecosistemas y la sostenibilidad son ignorados. El concepto de economía (del griego «οίκος», oikos, casa, y «νέμω», nemo, administrar) en las Ciencias sociales es el modo en que las sociedades humanas cubren sus necesidades a través de los escasos recursos existentes, en otras palabras, es la forma en que sujetos y comunidades subsisten, actúan y progresan. Para la Economía ecológica, como la ciencia de la gestión de la sustentabilidad, la economía es un subsistema del macrosistema natural, y la sostenibilidad de sus interacciones, es decir, la capacidad de la especie humana para subsistir dentro de los límites ambientales del planeta, es su problemática elemental. Esta nueva disciplina integra los sistemas económicos y ecológicos en contextos sociales y ambientales amplios (Barbier et al., 1994; Constanza e t al., 1996; Krishnan et al. 1995), en los que las relaciones económicas abarcan los intercambios de materia, energía e información entre los ecosistemas y la sociedad, así como las interrelaciones ecológicas entre las comunidades biológicas y los seres humanos. La interrelación o intercambio de materia, energía e información entre el subsistema económico-social y el macrosistema natural es considerado como un proceso de transformación-asimilación social o ‘metabolismo social’, en el cual la sociedad extrae energía, materia e información del medio natural y le devuelve desechos, energía disipada o no aprovechable e información, lo que hace aumentar la entropía. El conflicto ecológico o la insostenibilidad se produce porque el crecimiento económico, vía consumo y/o vía crecimiento demográfico, se incrementa de tal manera que la carga ambiental depositada sobre los ecosistemas supera sus límites físicos y biológicos. Si la etimología del término economía es «οίκος» (oikos = casa‘) y «νέμω» (nemo = administrar), el de ecología es «οίκος» (oikos = hogar) y «λóγος» (logos = conocimiento); para administrar correctamente nuestro hogar-mundo, antes debemos conocer y comprender su funcionamiento.

La sostenibilidad ecológica depende de nuestra capacidad para sobrevivir dentro de los límites ambientales del planeta, lo que obliga necesariamente a conservar la diversidad biológica. Para ello, debemos, en primer lugar, comprender y apreciar su valor desde una pluralidad de fundamentos ecológicos, filosóficos, sociales, políticos y económicos. Esto supone el gran desafío de transformar las conciencias, actitudes, conductas, valores y formas de interaccionar con el medio ambiente (biosfera). La línea que separa el mundo humano, identificado con la razón, del mundo-no humano, reconocido como la sinrazón o como lo «otro», es una construcción histórica (Foucault), y es el trasfondo de la disociación entre la sociedad actual y la naturaleza, lo que requiere complejas soluciones para superarla. En segundo lugar, es necesario gestionar adecuadamente el capital natural (biodiversidad, ecosistemas y servicios ecosistémicos) para conservar en su hábitat a las comunidades naturales y a las especies, puesto que estas solo pueden interaccionar y evolucionar ecológicamente en las comunidades naturales.

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