Ecología social

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En la Ecología humana, el equilibrio está en la interdependencia entre los cuatro elementos que constituyen el ecosistema social: población, medioambiente, tecnología y organización social. Estas cuatro categorías analíticas básicas y sus interrelaciones constituyen el fundamento teórico de esta disciplina científica, que se estructura en dos grandes líneas de investigación: Por un lado, la Ecología humana analizando las conexiones de la población y de la organización social con el ecosistema, es decir, el estudio del modo en el que las diferentes comunidades humanas organizan y establecen los vínculos funcionales para adaptarse al medio ambiente, y por otro, la Ecología humana analizando las relaciones del medio ambiente y de la tecnología con el ecosistema, es decir, el estudio del tipo de tecnología que utilizan los grupos humanos para conseguir dicha adaptación.

La Ecología humana se presenta como una especialidad dentro de la ciencia de la Ecología debido a la singularidad de su objeto de indagación, el/la ser humano/a. La gran flexibilidad adaptativa, el amplio dominio que posee sobre el medio que le rodea, su inteligencia y habilidad para la invención y uso de artefactos, así como las complejas alianzas colaborativas que establece con sus iguales, marcan la distancia entre la especie humana con el resto de seres vivos, permitiendo una Ecología humana distinta a la Ecología general.

La Ecología humana nace durante el primer tercio del siglo XX en la Escuela de Chicago, cuna académica de esta disciplina. Robert E. Park, el mayor exponente entre los fundadores de la Human Ecology, determinó los elementos del ecosistema social: 1. población, 2. artefactos (tecnología material), 3. costumbres y creencias (tecnología inmaterial), y 4. los recursos naturales del hábitat; siendo la interacción entre estos cuatro elementos lo que mantiene el equilibrio biótico y social de manera sincrónica, posibilitando también el cambio social. Este esquema de variables de Park modelará el corpus teórico de la Ecología humana a largo de su historia.

Mientras la Ecología humana surge como ciencia social supeditada a las Ciencias Naturales, la Ecología social, contemporánea a la Ecología humana, surge como nuevo ámbito de las Ciencias sociales, diferenciándose de la primera por su mayor proximidad a la Geografía humana, la Ordenación territorial, la Demografía y la Ciencia económica. De ahí que, su campo de estudio sea la conexión de las poblaciones humanas con su medio geográfico, en concreto las relaciones humanas que emergen y se desarrollan en la actividad de una población frente a su medio urbano. La ciudad industrial, concretamente Chicago como ciudad paradigmática, será el medio social en el que la Ecología humana y social cristalizará sus propuestas teóricas. La ciudad industrial, como nodo de las dinámicas políticas y sociales contemporáneas, se estrenará en la segunda década del siglo XX como el escenario de máximo interés sociológico, siendo el eje estructurador de todos los subsistemas de lo que, décadas más tarde, será denominado como «ecosistema social mundial».

En la década de los 50, la Ecología humana se inclina hacia la corriente funcionalista, siendo la comunidad la figura central de su elaboración teórica. La comunidad es la principal forma organizativa de la vida social, siendo colectiva también la reacción al medio ambiente, al individuo y a la cultura; y es social en tanto la comunidad se asienta en una interdependencia funcional, cuyo equilibrio dependerá de la capacidad de adaptación a dicha funcionalidad. El cambio social es posible mediante el crecimiento urbano, que estará controlado por la competencia como restauradora del equilibrio, encaminándose finalmente la comunidad humana hacia la cooperación social.

En los primeros años 60, la Ecología humana ahonda en el concepto de ecosistema social. Otis D. Duncan articula las interrelaciones entre las cuatro variables interdependientes de población, organización social, medio ambiente y tecnología; el ecosistema social es conceptualizado como un todo en el que los cuatro factores que lo constituyen son variables independientes, aunque simultáneamente actúan como factores determinantes, puesto que cada uno de ellos es consecuencia o producto de los influjos o requerimientos causales de los demás. Como explicación, nos sirve la compleja relación entre población y recursos alimenticios en la que, si bien intervienen directamente multitud de variables, también influyen otras de forma indirecta, tales como el medio ambiente, la organización social y la tecnología. En el vínculo de la población con el ecosistema se establece el juego de acoplamiento articulado entre las cuatro variables que consiste en que, para sobrevivir, la población se adapta a su medio ambiente mediante la cultura y el espacio, que se compone de la organización social y la tecnología. Sin embargo, la propuesta ecológica sobre el proceso de adaptación entra en conflicto porque el ecosistema formado por estas cuatro variables se manifiesta inestable: si la población se expande, el medio ambiente se degrada o no se ajusta a las necesidades de la nueva situación y, por consiguiente, se produce un choque con el plan diseñado para la comunidad humana, con su organización social y con su tecnología. El concepto de conflicto ecosistémico es el indicio de lo que, a partir de la década siguiente, será la cuestión principal en Ecología humana, el «problema ecológico», y revela la nueva dirección que tomará la disciplina encaminándose hacia perspectivas analíticas más críticas con el modelo de desarrollo.

En las décadas de los años 60 y 70, la Ecología humana se extiende fuera del ámbito académico y de los sectores empresariales en los que había sido ubicado hasta entonces, empezando a calar poco a poco en la opinión pública, especialmente la variable del medio ambiente. El coste ambiental y social provocado por el proceso de industrialización, urbanización, transporte y consumo comienza a manifestarse gravemente en el conjunto del ecosistema-mundo. En 1972, se celebra la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano que inaugura la toma de conciencia social sobre la negativa situación medioambiental. En el debate social se cuestiona el modelo de desarrollo vigente y se empieza a sugerir la ecología como la intermediaria que compatibilice el desarrollo y el medio ambiente. En este nuevo paradigma, la conducta social de la humanidad es entendida no solo como un fenómeno socio-cultural, sino también como un fenómeno limitado por los procesos biogeoquímicos y ecológicos del ecosistema cambiante.

A partir de este momento, la problemática ambiental empieza a ser concebida desde una perspectiva internacionalista que proporciona asentamiento teórico, metodológico y pragmático a los conceptos de ecosistema global, ecología humana, medio ambiente y consumo, dando lugar en los años setenta a la Sociología Ambiental como nuevo campo del pensamiento sociológico. Su enfoque global refleja sus influencias interdisciplinares procedentes del conjunto de las Ciencias sociales, principalmente de la Sociología crítica y de la Ecología humana y urbana, de los planteamientos más críticos de diferentes disciplinas científicas, como la Biología, la Economía y la Tecnología, y de los movimientos sociales y contraculturales de los años 60, especialmente del movimiento ecologista y de reivindicación de la cultura urbana. Su marco teórico se centra, en primer lugar, en el concepto de medio social o ecosistema social como sistema de relaciones interdependientes entre el medio biogeofísico y el social, y de cuyo equilibrio depende la supervivencia humana. El ecosistema es entendido como una totalidad puesto que incluye todas las dimensiones básicas que constituyen la sociedad: demografía de la población y asentamiento en el territorio, estructura económica básica, y cultura en su significación antropológica, que comprende la organización social y la producción cultural material e inmaterial (tecnología y campo simbólico respectivamente). En segundo lugar, en el desarrollo para la sostenibilidad como fórmula y objetivo para el sostenimiento de la vida en el planeta y de la «factoría» social. Y en tercer lugar, en la Sociedad de consumo como espacio social de reflexión sobre la cuestión ecológica y el desafío de la calidad de la vida.

La Ecología humana, desde su conceptualización y metodología de ecosistema social, nos ha proporcionado un potente modelo teórico y herramientas analíticas útiles para poder no solo comprender y explicar a posteriori los principales procesos sociales contemporáneos, sino también para poder elaborar una prognosis social, para proyectar modelos y situaciones venideras y, en consecuencia, seleccionar el más adecuado. De hecho, muchos de los problemas ecológicos surgidos durante la década de los setenta, como la crisis energética, fueron planteados en los primeros enunciados teóricos de la Ecología humana.

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